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Cuando hablamos de jugar nos imaginamos actividades relativamente complejas como juegos con pelotas, en los que hay objetos que agarrar o incluso que requieren movimiento. Actividades lejos del alcance de los bebés que acaban de llegar al mundo, aunque los niños recién nacidos también juegan.

Aun cuando todavía no han cumplido el mes, los más pequeños de la casa ya se divierten con sus juegos, aunque estos son distintos a los de los niños más mayores o a los de los adultos. Los bebés juegan estimulando sus sentidos. ¿Quieres saber cómo?

Los bebés necesitan conectar sus sentidos al mundo

Nada más llegar a nuestra vida, los bebés no comprenden el entorno en el que se encuentran. Algo tan complejo llega mucho después, casi al mismo tiempo en que empiezan a entender partes del lenguaje y exploran con sus ojos el mundo.

Algo que sí hacen desde el momento en que abren los ojos es sentir. Una actividad más compleja de lo que pensamos y cuyo entrenamiento llevará años. Pero no hay nada que pueda parar a un bebé cuando se propone beber de todo lo que le rodea.

El neurocientífico David Eagleman es uno de los divulgadores sobre el cerebro y el comportamiento humano que mejor sabe comunicarnos temas complejos. Del tipo de complejidad como la que ocurre dentro de la cabeza de nuestro pequeño, cuando millones de neuronas empiezan a activarse, formando un número casi inimaginable de conexiones preparadas para entender el mundo.

Eagleman comenta en uno de sus libros que «el cerebro, como tal, está aislado de la realidad, pero se conecta a esta mediante los sentidos […], que son nuestra puerta al mundo que nos rodea. […] Cuando nacemos, esta conexión entre el cerebro, los sentidos, y el mundo tiene que programarse para que el cerebro comprenda el mundo y lo haga del modo adecuado».

Por ejemplo, un niño de seis meses podrá distinguir entre colores vivos como el rojo y el azul del negro, pero todavía no tiene lenguaje para entender qué es un color. Para cuando ha cumplido dos o tres años, ya sabe qué son rojo y azul. No solo sabe que son colores, y que los colores no son formas ni son animales; sino que también sabe que rojo y azul son colores distintos entre sí. Para cuando llega a los cinco años, también sabe que hay otros colores entre el rojo y el azul, como el verde o el amarillo.

Esta precisión va mejorando con la edad y empieza nada más nacer. Mucho antes de andar o entender el lenguaje, un bebé tiene que calibrar sus sentidos para entender el mundo que le rodea.

La analogía que Eagleman utiliza en varios de sus libros es la de un termómetro que no esté todavía reglado. Al principio, marcará una temperatura distinta a la real pero, con la experiencia, el bebé podrá percibir con cierta precisión no solo cuánto calor hace dentro de su cuna o si hay luz adecuada para dormir.

El entrenamiento y estimulación de los sentidos

El percibir qué temperatura hace, capacidad que se consigue a través del tacto, suele tratarse de un aprendizaje pasivo. El cuerpo del bebé, al sentir frío o calor, reacciona al mismo y va poco a poco aprendiedo qué es el frío y qué es el calor. Pero hay otros sentidos como el tacto, la vista, el oído… que son más activos. A estos sentidos podemos entrenarlos con más facilidad, ayudando al bebé a entender el mundo.

Al pensar en entrenar solemos tener en mente un gimnasio, y en realidad el entrenamiento de los sentidos es muy parecido al entrenamiento de los músculos en adultos. Al principio, los bebés apenas serán capaces de enlazar esos sentidos con lo que está ocurriendo a su alrededor (luces o sonidos, por ejemplo).

Poco a poco, a lo largo de los meses, su juego se irá volviendo más y más complejo del mismo modo que en el gimnasio podemos ir subiendo los kg de las pesas.

Este entrenamiento de los sentidos arranca con su estimulación. Algo tan sencillo como acariciar o hacer cosquillas a nuestro bebé desatará un sinfín de emociones placenteras en él. Y, aunque todavía no comprende de dónde vienen esos estímulos o cómo funcionan, se sentirá a gusto y protegido.

Del mismo modo que los adultos aprendemos mejor cuando en las clases hay algún elemento de humor, los bebés aprenden a entender el mundo con una estimulación en la que se sientan protegidos. Eso significa que esta ha de ser natural y suave. Por ejemplo, caricias no demasiado fuertes o bruscas, música o voz en un tono normal en lugar de elevado, o elementos visuales que no parpadeen ni cambien rápidamente de unos tonos y colores a otros.

Diferentes juegos a los que jugar con nuestro recién nacido

A lo largo del primer mes la mayoría de los bebés empiezan a calibrar sus sentidosy terminan por reconocer la fuente de donde viene la luz, orientar la cabeza hacia los sonidos o mirar en dirección a las caras. ¡Es todo un pequeño logro!

Nosotros podemos ayudarles en este proceso. Por ejemplo, usando sonajeros, cojines, mantitas, o simplemente nuestra voz y manos. El simple hecho de acariciarle en varias zonas del cuerpo será para él una nueva experiencia con la que aprender sobre su tacto.

El oído lo entrena, por poner otro ejemplo, si colocamos su cuna en el centro de la habitación por la que nos movemos. Aprenderá, muy poco a poco, que el sonido viene de esas caras familiares que se mueven de un lado a otro.

La vista también se entrena de un modo similar, mediante el uso de objetos móviles o, simplemente, llevando a nuestro pequeño colgado del pecho. Para ellos, ver del mundo desde otra perspectiva ya es todo un juego que les divierte, entretiene y les ayuda a aprender.

¿Pueden jugar solos los bebés recién nacidos?

La mayoría de los adultos pensamos que la mejor forma de entretenimiento de un bebé es con adultos que jueguen con él, pero esto no significa que los bebés no quieran jugar solos o, simplemente, estar ociosos a nuestros ojos. Al igual que los adultos, necesitan su independencia y un tiempo en que no están saturados de actividades. Por ejemplo, para descansar.

Si el pequeño está tranquilo y satisfecho significa que no se aburre ni se siente solo, por lo que podemos dejar que calibre sus sentidos por su cuenta. Eso los bebés lo hacen muy bien, moviendo los brazos y dejándolos caer, o mirando en una u otra dirección para percibir los cambios de luz. Aunque nos parezca que no está haciendo nada, en realidad está aprendiendo cómo funciona su cuerpo.

También lo hacen usando juguetes sencillos como los cojines con música y vibración. Estos cojines, pensados para que el niño se apoye mientras juega boca abajo, reforzando su motricidad gruesa, o sentado, pueden ser el primer paso hacia su independencia y autonomía.

Sentados o tumbados sobre ellos, o mientras los abrazan, los bebés aprenden qué son las vibraciones y cómo se perciben sobre su piel. Interactuando ellos solitos con el cojín son capaces de interiorizar algo que a los adultos nos parece lógico pero que los bebés tienen que aprender poco a poco.

Como que si tocas un objeto que vibra un poco, tu mano también vibrará un poco. Tocar y sentir es el principio de la psicomotricidad gruesa, con la que más tarde experimentarán los bebés, mientras que la manipulación de los juguetitos colgantes contribuye a trabajar la motricidad fina.

Además, estos cojines le ayudan a relajarse tanto por las vibraciones como por la música y tienen un estampado con colores vistosos que estimulará su sentido de la vista.

Un par de precauciones en el juego de recién nacidos

Como se ha comentado previamente, los juegos con los más pequeños no tienen por qué ser complejos, y es recomendable que sean naturales. Es decir, incluyendo movimientos lentos y evitando la brusquedad.

Si, por ejemplo, queremos levantar las piernas de nuestro bebé y hacer movimientos circulares como si montase en bici, será recomendable hacerlo despacio y teniendo su espalda y cabeza apoyada en una superficie blandita. Es importante que se divierta y que se sienta seguro.

Al igual que ocurre con el juego libre, los ejemplos que hemos mencionado aquí son solo orientativos. Lo más importante durante el tiempo de juego, sin importar la edad del pequeño, es la diversión. Que nuestro bebé sonría, se ría, quiera jugar e interaccionar con nosotros y, en general, que se lo esté pasando bien. Si en algo se parece el juego de los bebés recién nacidos al de los adultos es que está para pasar un buen rato con las personas a las que queremos.

Imágenes | kellytf – Marisa_Sias – Fisher-Price