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A partir de los 4-5 meses los bebés empiezan a observar con mucho más detenimiento su entorno. Es entonces cuando descubren que prácticamente todo lo que nos rodea funciona bajo el principio de causa y efecto. La adquisición de esta noción básica que rige todo nuestro entorno es vital para su desarrollo.

Principio de causa y efecto

Aprender el concepto causa-efecto, también conocido como acción-reacción, está directamente relacionado con el despertar de la inteligencia en el bebé. Esta empieza a manifestarse a partir del cuarto mes de vida, cuando el bebé comienza a observar el mundo desde una posición más incorporada.

EL PRINCIPIO DE CAUSA Y EFECTO FOMENTA EL DESARROLLO DE LA INTELIGENCIA EN EL BEBÉ

El conocimiento de este principio fundamental les resulta básico para conformar todas sus vivencias y experiencias (doy a un botón y se enciende la tele o la luz; si meto la mano en el agua, me mojo; si lloro, viene mamá; si muevo las piernecitas, camino, etc.).

Así es cómo aprenden a entender el mundo que les rodea y cómo funcionan las cosas que hay en él. Es un aprendizaje de tipo práctico basado en la propia experiencia del bebé con su entorno y en la interacción constante con él.

Cómo ayudarles a asimilar este concepto

Durante sus primeros años de vida, los niños aprenden sobre todo mediante la observación y la imitación. Miran detenidamente y con mucho interés todo lo que hacen los adultos y después tratan de repetir sus actos.

Por eso, una buena forma de ayudar a nuestros hijos a aprender la noción de causa y efecto es sirviéndoles de ejemplo. Podemos aprovechar las pequeñas acciones que llevamos a cabo en nuestro día a día, como abrir un grifo de agua o encender una lámpara, para enseñarles cómo funcionan las cosas que nos rodean.

EL JUEGO INTERACTIVO Y DE IMITACIÓN LES AYUDA A ASIMILAR LA NOCIÓN DE CAUSA Y EFECTO

El juego también es un pilar importante de aprendizaje durante la primera infancia. A través del juego de imitación con juguetes que imitan la apariencia de objetos reales, los niños pueden repetir las acciones que ven que los adultos llevan a cabo en la vida real, adoptar diferentes roles y aprender qué sucede cuando se llevan a cabo determinadas acciones.

Los juguetes con funciones de causa y efecto, como el Mando a distancia de Perrito de Ríe y Aprende de Fisher-Price imitan elementos cotidianos de su entorno y les enseñan a interactuar con ellos. De esta forma el niño puede aprender que pasan cosas, y qué cosas pasan, al pulsar las diferentes teclas.

Por ejemplo, este juguete interactivo imita de forma realista la apariencia de un mando de televisión real, como el que usan papá y mamá, pero además dispone de una pantalla luminosa, botones, canciones, melodías y frases. Todas estas funciones hacen que el aprendizaje resulte más divertido y estimulante para el pequeño.

El juego también fomenta la manipulación de objetos, la concentración, el pensamiento lógico, y el desarrollo sensorial y de la motricidad fina.

Interacción con el entorno

Tan pronto como el bebé está listo para investigar el mundo más allá de los brazos de sus padres, comienza una fase de su desarrollo muy emocionante. La curiosidad natural de los bebés por su entorno cercano favorece la exploración y la experimentación.

CUÁNTO MÁS INTERACTÚA EL NIÑO CON SU ENTORNO, ANTES APRENDE CÓMO FUNCIONAN LAS COSAS

Cuanto más interactúe el niño con cuanto le rodea, antes aprenderá cómo funcionan las cosas. Esta experiencia le sirve, a su vez, para seguir ampliando sus conocimientos de forma cada vez más rápida.

Los niños pequeños aprenden participando en actividades reales que fomentan el desarrollo de sus habilidades, conocimiento y pensamiento. Puede que un mando a distancia tenga poco que ver con una lavadora, pero relacionando conceptos y comparando experiencias el pequeño pronto sabrá que todos los aparatos tecnológicos funcionan con botones y que pasa algo cada vez que se pulsa uno de ellos.

De esta forma, los bebés van aprendiendo paulatinamente que cada acción conlleva una determinada reacción. Y al mismo tiempo aumenta su capacidad de control sobre los objetos que le rodean.

Método ensayo-error

Es muy frecuente que los niños se equivoquen en las primeras interacciones que llevan a cabo con el entorno. El error resulta vital para el aprendizaje del ser humano. Permitiendo al bebé que pruebe, ensaye y se equivoque, en lugar de acudir en su ayuda constantemente, ampliamos las posibilidades del niño de aprender por sí mismo de forma autónoma.

Los niños están preparados para aprender por ensayo y error. La insistencia en las acciones les ayuda a controlarlas, a entender los límites naturales, a desarrollar el razonamiento práctico, aplicar la experiencia y sacar sus propias conclusiones.

LOS NIÑOS NECESITAN EQUIVOCARSE PARA APRENDER

Dar libertad a los niños para interactuar de forma segura con su entorno y los objetos que nos rodean y permitirles cometer sus propios errores, no solo fomenta su aprendizaje sino que les vuelve tremendamente creativos a la hora de buscar soluciones por sí mismos.

El conocimiento del principio de causa y efecto es la antesala de muchos otros aprendizajes. Por ejemplo, ayuda a desarrollar el pensamiento reflexivo que nos permite relacionar conceptos (si dejo un helado al sol, se derrite) o aprender nociones básicas de ciencias y matemáticas (si tiro una piedra al agua, se hunde; si me como todo, el plato se queda vacío, etc.). Los padres podemos estimular el aprendizaje de los pequeños, acompañarlos y formar parte de esta aventura tan fascinante que es descubrir cómo funciona el mundo.

Imágenes | iStock / poplasen / Fisher-Price / OtmarW.