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Todos los niños, antes o después, cambian su cuna o la cama de los padres por su propia cama. A veces, el cambio sucede de forma natural y espontánea. En otros casos, los peques necesitan hacerlo de una manera más gradual. Como en toda nueva etapa del crecimiento infantil, surgen decenas de dudas. ¿Será el momento adecuado?, ¿cómo hacer que la transición sea agradable? Os damos algunas pautas útiles para comprender y facilitar el proceso.

¿Cómo saber si ha llegado el momento?

Aunque muchos peques comienzan a dormir solos alrededor de los 3 años, no hay una edad exacta a partir de la cual sea recomendable que un niño pequeño duerma en su propia cama.

Muchas mamás deciden comenzar el tránsito una vez que termina la lactancia, ya que hasta ese momento mantener al niño junto a ellas o en la misma habitación, facilita atender sus necesidades con mucha mayor rapidez y eficacia.

NO HAY UNA EDAD EXACTA EN LA QUE SEA RECOMENDABLE QUE LOS NIÑOS DUERMAN SOLOS

Otras veces, se aprovecha el momento en que la cuna del niño se le ha quedado pequeña para trasladarlo a una cama en su propia habitación. En ambos casos, el desarrollo natural del niño sirve de excusa para fomentar el cambio.

Sin embargo, otras familias mantienen el colecho o la cuna del niño en la misma habitación más allá del periodo de lactancia. Dejando así que sea el pequeño el que, de forma natural, vaya desligándose gradualmente de esta costumbre cuando él mismo sienta la necesidad de adquirir más autonomía e independencia.

En cualquier caso, debemos comprender y respetar el ritmo de cada niño ya que imponerle el tránsito en contra de su voluntad puede resultar contraproducente.

Un proceso respetuoso, gradual y consentido

Todos los niños van ganando confianza e independencia a medida que van creciendo. Es natural que cada vez se entretengan más solos y comiencen a disfrutar periodos de tiempo cortos jugando o pasando las hojas de un cuento, por ejemplo.

Lo hacen poco a poco, realizando solos pequeñas tareas (como comer o vestirse). Dormir solitos es una conquista más de la larga lista de actividades que llegarán a hacer a lo largo de su infancia.

Para fomentar las ganas del niño de dormir solo, podemos irle familiarizando gradualmente con su propio y nuevo espacio utilizando su nueva cama para pasar tiempo con él en ella, dormir la siesta o leerle cuentos.

RESPETAR EL RITMO DE CADA NIÑO Y NO FORZAR LA SITUACIÓN SON FACTORES CLAVE

De esta manera, el peque asociará su camita a momentos agradables del día y a actividades placenteras que, con el paso del tiempo, podemos practicar y hacer extensibles a la noche. Después, podemos intentar acostarnos un ratito con él cada noche, hasta que se quede dormido o esté relajado.

Si el niño muestra desagrado, aversión o reticencia en algún punto del proceso, lo mejor es no forzar la situación y dejar que se le olvide para reanudar de nuevo el proceso pasado unos días.

No es buena idea hacer coincidir el cambio de espacio con la llegada de un nuevo hermanito, una mudanza, el comienzo de una nueva etapa escolar, una enfermedad o cualquier otra circunstancia nueva que pueda generarle nerviosismo o hacerle sentir relegado.

Para dormir solo, ¿es mejor una cuna o una cama?

Esta es una duda frecuente para la mayoría de los padres. Sin embargo, es una cuestión menor ya que lo realmente relevante es saber si el pequeño está preparado para el cambio.

Una vez tengamos esto claro, lo que debemos plantearnos es si el niño ya es demasiado grande como para dormir en una cuna. Si la respuesta es sí, la duda se resuelve por sí misma. En el resto de los casos dependerá de la edad del niño, de su madurez y de sus habilidades.

ELEGIR CUNA O CAMA DEPENDE DE LA EDAD Y LAS HABILIDADES DEL NIÑO

Si el pequeño es perfectamente capaz de salirse por sus propios medios de una cuna, sabe trepar o saltar sus barrotes, lo mejor para su propia seguridad es que duerma en una cama infantil (más baja y pequeña) o una cama con protección lateral. Así evitaremos que se caiga y se golpee tratando de saltar los barrotes de su cuna.

Si optamos por la cama, es importante que el niño sepa bajarse solo de ella para que no se caiga en un intento de hacerlo. Las barras laterales de seguridad le protegerán eficazmente si tiene tendencia a buscar apoyo para dormir, se mueve mucho en sueños o se da mucho la vuelta en la cama.

Cómo combatir los temores nocturnos

Los miedos a la hora de irse dormir, a la oscuridad, a los monstruos debajo de la cama, a los ladrones escondidos en el armario o a dormir solos, son temores comunes entre los niños de entre dos y ocho años de edad.

Se producen como consecuencia de la activa imaginación de los niños, que se pasan la mayor parte de su infancia jugando en un mundo de fantasía, y se dispara sin control ante situaciones y cosas nuevas que les resultan desconocidas y les pueden asustar.

A la hora de dormir puede ser difícil para el peque desconectar su imaginación y la separación de sus padres puede avivar sus temores. Nuestro trabajo ante esta situación debe ser ayudarle a sentirse cómodo, seguro y protegido en un entorno que sea agradable para él: su nueva habitación.

Uno de los factores determinantes para conseguir que gane seguridad, quiera pasar tiempo en su habitación y duerma en ella solo, es que el cuarto infantil sea de su agrado y disponga de elementos que le causen confianza.

LOS PELUCHES, LA MÚSICA SUAVE Y LAS LUCES TENUES OFRECEN SEGURIDAD DURANTE LA NOCHE A LOS NIÑOS

Esto es todavía más importante a la hora del sueño, un momento que la mayoría de los niños perciben como de gran vulnerabilidad.

Para combatir esta sensación, podemos pintar las paredes de su cuarto con tonos claros en sus colores favoritos, rodearle de los juguetes y libros que más le gusten y utilizar peluches como compañeros/guardianes de su sueño.

Los peluches son juguetes afectivos que tienen multitud de beneficios para los niños: les dan confianza, les aportan seguridad, les hacen compañía y el tacto suave de estos muñecos les alivia el estrés.

También podemos utilizar música y luces tenues para evitar que los miedos a la oscuridad y la separación les embarguen a la hora de acostarse y les impida conciliar el sueño.

En este sentido, los proyectores pueden ayudarles a vencer los temores nocturnos. El Proyector Hipopótamo dulces sueños de Fisher-Price es un dos en uno estupendo. Por un lado, hace sentir acompañado al peque con su música relajante y su proyección de estrellas hasta que se duerme. Por otro, su simpática forma animal les hace compañía, les ayuda a familiarizarse con las mascotas y a perder el miedo a los animales, así como a sentirse seguros y confiados a la hora de dormir.

Sea cual sea la edad del niño, pasar por un periodo de adaptación es tan natural como inevitable. Lo importante es que sepamos entenderle y apoyarle en todo momento, sin forzar su ritmo ni obligarle a enfrentar situaciones para las que aún no está preparado.

Por laboriosa y lenta que pueda parecer la transición, antes o después, al final todos los niños acaban por dormir solos en su propia habitación. Hasta entonces tan solo necesitan que tengamos con ellos un poco de comprensión y paciencia.

Imágenes | iStock / Lerche&Johnson / evgenyatamanenko.