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El juego tiene múltiples efectos positivos en el desarrollo cognitivo del bebé y en su bienestar general. Mientras juega, la actividad cerebral del niño se dispara. Te contamos todo lo que pasa por su cabeza en esos momentos.

El juego en edades tempranas, mucho más que una diversión

Se estima que el 60% del tiempo que pasan los niños despiertos durante sus primeros años de vida lo dedican a jugar. Para ellos el juego es mucho más que una agradable diversión, es una herramienta de aprendizaje que les permite conocer el mundo que les rodea y el primer agente socializador durante la primera infancia.

JUGAR ES CRUCIAL PARA EL DESARROLLO CEREBRAL INFANTIL

Además de tener múltiples beneficios físicos en su crecimiento, el juego potencia el desarrollo de la percepción del entorno y del pensamiento del niño. Asimismo, fomenta su imaginación y creatividad, y además, consolida su autoestima y eleva su estado de ánimo.

También hay numerosos estudios que han demostrado que la actividad lúdica es crucial para el desarrollo cerebral infantil durante los primeros años de vida.

Beneficios del juego para el cerebro del bebé

Jugar fortalece las conexiones neuronales que el cerebro del bebé necesita para funcionar. Las hace más fuertes y se ramifican en redes más complejas, ayudando de esta forma a que evolucionen sus habilidades cognitivas.

También estimula el desarrollo de la corteza prefrontal. Según los resultados de una investigación llevada a cabo por la University of Lethbridge, en Canadá, jugar modifica la estructura neuronal de la corteza prefrontal, el centro del pensamiento racional y donde se desarrolla el pensamiento y el lenguaje.

EL JUEGO FAVORECE LA VELOCIDAD DE LAS CONEXIONES NEURONALES

Por lo que en definitiva, el juego activa las áreas cerebrales relacionadas con el lenguaje y la comunicación y colabora a desarrollar el cerebro social y las habilidades que permiten a los niños interactuar.

Para contribuir a estos beneficios, podemos proporcionar a los niños actividades de juego variadas y estimulantes que activen diferentes áreas y funciones cerebrales, como las que ofrece la Mesa multiaprendizaje bilingüe Ríe y Aprende de Fisher-Price.

Sus más de 120 canciones, melodías y frases estimulan la capacidad del habla y proporcionan al pequeño la oportunidad de desarrollar su vocabulario en dos idiomas, español e inglés.

Los escenarios en los que están ambientadas cada una de las actividades – la casa de Perrito, el mercado, el zoo y la granja – le familiarizan con su entorno y le enseñan mediante juegos y divertidos mecanismos los números, la comida, los colores y las letras. Sus múltiples activaciones manuales, sorpresas y botones luminosos, ayudan al desarrollo de la motricidad fina, con piezas que se deslizan y giran, y al aprendizaje de la relación causa-efecto y la estimulación de sus sentidos.

Además, incorpora Tecnología Inteligente, que permite elegir la opción de aprendizaje más adecuada, adaptándose al nivel de desarrollo de nuestro niño, ya que cada uno lleva su propio ritmo.

El juego activa la bioquímica del cerebro

Mientras el pequeño juega, se estimula la actividad química a nivel cerebral. Los estudios de resonancia magnética nos muestran como aumenta su nivel de serotonina, un neurotransmisor que reduce el estrés, se equilibra el estado de ánimo y se regula el sueño, la digestión y la temperatura corporal.

EL JUEGO FORTALECE EL SISTEMA INMUNITARIO Y DISMINUYE EL DOLOR

También se activa la producción de endorfinas, las encargadas de proporcionarle bienestar, reducir el dolor y fortalecer el sistema inmunitario. Por otra parte, el juego contribuye a que las encefalinas transmitan al niño calma y felicidad.

La segregación de acetilcolina también se estimula con las actividades lúdicas. Este neurotransmisor incide en el funcionamiento de las funciones motoras, neuroendocrinas y sensoriales. Regula la capacidad de concentración, atención y memoria, y fomenta el desarrollo del pensamiento lógico.

La dopamina, que potencia el proceso de aprendizaje y la imaginación, también se ve involucrada en el juego.

La magia del juego también es la magia de la química. Puede que el objetivo del pequeño sea pasar un buen rato y saciar su curiosidad, pero dentro de su cabecita toda una serie de hormonas y neurotransmisores trabajan en su cerebro mientras se divierte.

Imágenes | iStock / Martinan / Fisher-Price.