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Todo bebé parece tener un explorador en su interior. Observan, reptan, gatean y, finalmente, andan para conseguir descubrir el mundo. La curiosidad y la exploración son innatas en los humanos, en especial si estos acaban de venir a un mundo que desconocen y del que desean aprenderlo todo. El juego es parte de ese descubrimiento , con lo cual es importante que los juegos incluyan un punto de desafío, curiosidad y estimulación.

Cuando ya tienen un dominio sobre sus sentidos, la fase de exploración da lugar a una fase de juego en la que ellos crean su propia realidad. ¿Cómo suena el sonajero si lo agito? ¿Qué pasa si pulso este botón? ¿A qué sabe mi hipopótamo dulces sueños? ¿Irá papá una vez más a por la pelota si vuelvo a tirarla al suelo?

Los bebés están deseando explorar el mundo

Los bebés sienten la necesidad de explorarlo todo a través de sus cinco sentidos mucho antes de que sus manos les ayuden a levantar objetos o sus piernas les inviten a caminar.

Antes de eso ya observan el mundo haciendo uso de sus ojos. Un hecho que podemos comprobar en todos los bebés cuando se quedan mirando las formas de los objetos, o cómo estos se comportan. De observaciones como «la pelota rueda por el suelo más que el peluche» su mente científica comprende cada día un poquito más de la realidad.

Escuchar el mundo es otra manera de explorarlo. Papá y mamá no suenan como los tíos, y cualquiera de estas voces no se parece en nada al sonido de un juguete cuando cae al suelo o se cierra la puerta de casa. Identificar qué sonidos responden a qué acciones es una de las primeras fases de su pequeña investigación sobre absolutamente todo.

Tocar con las manos es uno de los siguientes niveles en su descubrimiento de lo que le rodea. Ahora que ya saben cómo es un objeto, e incluso el ruido que hace en manos de un adulto, les toca a ellos comprobar de primera mano que esto sucede así también para ellos.

O de primera boca, ya que es frecuente que los pequeños quieran descubrir a qué saben los objetos del zoo de la mesa. De ahí que los juguetes se fabriquen haciendo hincapié en la seguridad del juego, para que los más pequeños no puedan tragárselos.

En su exploración, para los bebés es importante saber qué tacto tiene la alfombra, cómo una pelota se ve igual por todas partes, cómo suena el juguete cuando aprietas un botón o qué sabor tienen sus peluches. Estímulos que llaman su atención y su curiosidad.

Los estímulos que despiertan la curiosidad de los bebés

Para los bebés, los estímulos que vienen de sus cinco sentidos no se procesan del modo en que lo hacemos los adultos. Cuando los padres vemos una alfombra que puede gustarnos sentimos su tacto dos veces: primero en nuestra imaginación, y luego a través de nuestras yemas.

Lo que el bebé pretende es descubrir por primera vez cómo son las cosas del mundo. Y por eso no es de extrañar que pongan cara de susto o se rían cuando cogen por primera vez un objeto o cuando escuchan un ruido nuevo. Para ellos es completamente nuevo, y cualquier reacción es posible ante los distintos estímulos.

Estos, para que sean reconocibles por los bebés, han de venir de objetos cercanos que se encuentren en un corto radio de acción. Al principio, cuando escuchan un avión pasar sobre sus cabezas, buscan la fuente cerca de ellos, y sonríen cuando son capaces de hacer ruido con el sonajero que tienen en la mano.

De ahí la importancia de que los estímulos vengan de objetos táctiles para ellos. De nada sirve que su peluche favorito salga en la televisión si no pueden abrazarlo o dormirse con él. Los objetos (pelotas, botones, piezas, aros…) han de estar adaptados para sus pequeñas manos , de modo que al cogerlos su curiosidad quede satisfecha.

La curiosidad es una cualidad difícil de trasladar a un juguete. Si este es demasiado fácil para su edad, puede que se aburra, mientras que si interactuar es muy complicado acabará frustrado o pedirá ayuda. Los juguetes tienen que tener el grado justo de estímulos para despertar la curiosidad de los bebés y, a la vez, resultar fáciles de manejar.

Por ejemplo, que un mismo estímulo sonoro responda a un único botón fomenta la seguridad del pequeño. Cuando el bebé aprende que el ruido lo hace al pulsar el botón, se hace dueño del juego. De él o ella dependerá que el mismo ruido vuelva a sonar. Frente, por ejemplo, a que el mismo sonido surja de cinco o seis botones del mismo juego, algo que puede causar confusión.

Los estímulos visuales, como los colores , suelen ser a la vez variados pero sin llegar a saturar, y están distribuidos de modo que sean fácilmente reconocibles por el mismo motivo. Que cada pieza sea de un único color ayuda al pequeño a fijar estos en su mente y a reconocer patrones. Los patos amarillos quedan claramente distinguidos del fondo azul, por ejemplo.

Juguetes con todos los estímulos en uno

Encontrar juguetes que respondan a todos o a gran parte de los estímulos que los bebés demandan es complicado. Los centros de juego como las mesas multiaprendizaje resultan muy gratificantes para ellos ya que incluyen múltiples estímulos, permitiendo al bebé accionar diversos mecanismos que producen efectos sonoros que les invitan a volver a jugar.

No solo encuentran muchos pequeños retos y recovecos que descubrir. También tienen desafíos cuya solución es accesible a ellos, tales como «¿Cómo puedo ver el mono?» o «¿Cómo puedo hacer que suene de nuevo el número cinco?».

También se encuentran todos en un mismo sitio, ofreciendo una experiencia multisensorial al alcance de sus pequeñas manos. Una que se eleva a medida que crecen y pueden permanecer de pie.

Viendo el comportamiento de los más peques de la casa, da la impresión de que son exploradores natos desde el nacimiento. Aunque con un empujón por nuestra parte podemos ponerles el descubrimiento de los misterios del mundo al alcance de sus ojos, bocas, manos y oídos. Ellos harán el resto por comprender todo lo que les rodea.

Imágenes | iStock/splendens, Catálogo Fisher Price, iStock/AGrigorjeva